martes, 22 de enero de 2008

Un encuentro de negocios

En el ambiente de mi trabajo un día como de aquellos rutinarios, en un momento inesperado entró un caballero me pidió una cita para ver unas oficinas, la voz mediante en el teléfono se escuchaba agradable así que convenimos hora y día para una previa cita.

La cita era en la entrada del edificio donde había oficinas de arriendo. Al llegar, no tuve dudas de que se trataba de aquel caballero, su cuerpo y manera de vestir concordaban totalmente con su voz, no era un Adonis, pero era muy agradable a la vista, intercambiamos un saludo formal de apretón de manos y me dio gusto verificar que su saludo era fuerte.Cuando ya entramos en el ascensor y contesté a sus preguntas sobre el inmueble hasta que entramos en la oficina en cuestión, donde le mostré los privados, la recepción y la sala de juntas, revisamos que todas las luces prendieran y las salidas telefónicas.

Mientras hacíamos todo esto, yo lo observaba de disimuladamente y estoy segura de que él hacía lo mismo. Al despedirnos con el clásico apretón de manos, nuestras miradas se quedaron fijas durante unos instantes más allá de lo normal.

No volví a pensar en él hasta que unos días después volvió a llamar para pedir una nueva cita, solo que esta vez me la pidió para las 7 de la tarde. Nos encontramos en la entrada y nuevamente el apretón de manos, subimos y me pidió que le ayudara a tomar algunas medidas.Era sencillo, yo detenía la cinta métrica de un extremo, él del otro e iba anotando, todo era perfectamente normal con la excepción de las miradas furtivas. En un momento dado me pidió que yo midiera la sala de juntas mientras él iba al coche por una calculadora.

Estaba terminando de anotar las medidas cuando se fue la luz y me quedé totalmente a oscuras, decidí no moverme y esperar a que mis ojos se acostumbraran a la oscuridad o que la luz volviera en cualquier momento, cuando él entró y me pidió que no me moviera. “No te asustes, por suerte traje algo extra que nos puede ayudar” me dijo al tiempo que encendía una lamparilla de pilas, en ese instante pensé que eso era sospechoso, pero no le di importancia.Le dí las medidas que había sacado y las revisó, luego me miró a los ojos y me dijo muy serio: “ahora me faltan otras medidas”. No necesité más palabras, su mirada había sido absolutamente indiscreta y no tenía caso que yo jugara a la inocente… “¿A sí, cuáles?” dije para llenar el silencio.

Ya no hubo más palabras, se acercó a mi y con la cinta métrica rodeó mi cintura primero y luego mi pecho haciendo gestos de aprobación, luego midió el tiro de mis pantalones con lo que ya no pude contener la respiración y para disimular un poco mi excitación, le dije “entonces no se fue la luz, ¿o sí? Sólo sonrió y selló mis labios con un apasionado beso al tiempo que sus manos parecían haberse duplicado pues podía sentirlas en mis nalgas, mis pechos, el cuello…
Yo lo dejé hacer de manera pasiva, no tenía intenciones de dejar de disfrutar lo que ocurría, me desnudó totalmente y empezó a besar todo mi cuerpo con una agónica lentitud. Yo me derretía pero no lo tocaba, sólo quería sentir su tacto sobre mi piel.El empezó a desnudarse muy despacio, su cuerpo era todo y más de lo que prometía con ropa, pero perdí el aliento cuando pude ver su enorme pene… “no me cabe” pensé sin darme cuenta de que lo había dicho en voz alta, “claro que cabe” me dijo con una sonrisa traviesa. Se acostó en la alfombra y con mucha delicadeza me ayudó a sentarme sobre él…

Primero la punta de ese enorme rico pene me rozó y él me ayudó tomándome de la cintura para que bajara poco a poco, dejándolo entrar en mi mojada puerta vaginal… Por unos segundos estuve convencida de que no cabría, pero él seguía entrando… Paró todo movimiento,“ahora todo” dijo al tiempo que con mucha fuerza me jaló hacia él… que rico al sentirlo todo dentro de mi!!

Había sido un instante glorioso y estaba todo completito dentro mi vagina mojada… Sus manos jugaban con mis pechos, yo me arqueaba de placer, encontramos un buen ritmo y no tardé en llegar, pero él no, él aguantaba más.De pronto él se enderezó haciendo que su pene entrara más todavía, lo podía sentir chocando con el techo de mi vagina provocándome más gritos de placer. No tengo idea cómo lo hizo, pero se puso de pie cargándome y sin que su pene se saliera de dentro mío y así, de pié me regaló otro orgasmo, pero él seguía aguantando.

Repentinamente, me bajó y se salió, me dio la vuelta y con una mano en mi espalda hizo que me agachara un poco mientras que con la otra movió su pene varias veces desde mi vagina hasta mi ano para mojarlo y cuando estuvo satisfecho con la humedad creada, empujó su delicioso instrumento por mi ano… Él empujaba cada vez con más fuerza animado por mis gemidos y sus dedos jugaban con mi clítoris y salían y entraban de mi vagina. No recuerdo cuantas veces me vine, pero sí recuerdo el final, los dos gritamos al mismo tiempo quedándonos totalmente inmóviles un par de minutos…

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