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miércoles, 6 de enero de 2010

Mi nueva vecina me da un buena bienvenida

Me mude a un apartamento pequeño porque me quedaba más cerca de la universidad.Pasada las 9 de la noche tocaron a mi puerta y por la ventana vi que se trataba de una chica. Entre-abri la puerta y apareciò una mujer sencilla, de aproximadamente 35 años. Bajita y algo gordita.

Me dió la bienvenida al barrio por lo que yo respondì su cortesía con un pase adelante. Hablamos de todo un poco mientras yo preparaba cafè. En un canal de t.v. estaban dando una pelìcula xxx por lo que yo me disculpè.

Ella me dijo que la dejara porque ella nunca habìa visto nada. Así fuè, la dejè y eso me exitó mucho. La mujer me pidiò permiso para entrar al baño a lo que yo le dije entre bromas: si te vas a masturbar puedes hacerlo en la sala y sonreì.

Ella me volviò a ver y sonrio tambièn a la vez que tocaba sus pechos y abria sus piernas. Me inmutè y no sabìa que hacer pero me exitó tanto que yo le dije que tambièn lo harìa. Asì que las dos nos masturbamos frente la pelìcula. Estabamos tan exitadas que yo me acerquè y toquè sus pechos, lamiendo y mamando sus pezones. Sus pechos eran grandes y frondosos. Ella gemía sin control y yo acomodè sus piernas y abrí con mis dos manos su jugoza y rica vagina.

Mi lengua la pasaba lamiéndola despacio y en forma circular su clítoris que estaba caliente y humedo. Luego pasè mi lengua por toda su vagina subsionando sus labios vaginales. Vì sus jugos mientras penetraba mi lengua en su vagina y prendida en su clítoris. Se levantó y me acostó a mi en una mesa y me diò una generosa lamida. Sentí su lengua en mi chuchita mientras yo me tocaba mis pezones y los pellizcaba.

Pegamos nuestros clítoris y pezones movièndonos muy dulcemente hasta llegar al orgasmo las dos juntas. Hasta el momento nos vemos y la pasamos rico por las noches unas dos veces por semana, o cada vez que su novio no se encuentra.

viernes, 25 de enero de 2008

Una viuda que renace

La historia empieza cuando quedé viuda a mis 48 años de edad. Y como es normal en estas situaciones de la vida sentía la muerte de mi marido, al que estaba muy unida, pero a medida que pasaba el tiempo fui superando su muerte y mi cabeza empezó a razonar y a ver nuevas cosas.
El tiempo pasó, mi cuerpo necesitado de ser amado despertó y como no tenía a nadie estuve a obligada tocar mi cuerpo por mi misma con creando inusuales fantasías dentro de mi mente, cada día sentía la necesidad de masturbarme, no aguantaba más.En el trajín de mi vida empecé a notar que en el supermercado había un joven de una edad de casi 20 años, por sus atenciones y gentilezas al ir de compras, se vino a mi mente la sensación de que quería acercarse a mi. En los primeros días no le hacía caso alguno, pero con el tiempo me dejaba querer, sólo por sentirme mujer y deseada.
Así pasó bastante tiempo, el joven procuraba encontrarse conmigo, hablábamos, me acompañaba hasta el edificio donde yo vivo, pero hasta ahí no pasaba mayor cosa.Cierto día tenía que arreglar cosas personales de suma urgencia y pasé antes por el supermercado y compré algunas cosas, quedé en recoger más tarde. El tiempo pasó y olvidé por completo de recoger las compras. Esa tarde, como a las seis sonó el timbre, era el chico trayéndome la compras que realice en la tarde. Lo dejé subir, cogí las compras en la puerta y le di las gracias, pero con su mirada de cansancio y sin recibir alguna cortesía lo invité a tomar un café.
Mientras tomamos café, hablamos de todo un poco y fue una sorpresa que en un momento dado me preguntó: “¿Desde que murió tu esposo no has tenido relaciones sexuales?, la verdad es que me sorprendió tanto que no reaccioné y le contesté: “tú que te crees, eso es asunto mío y no de un muchacho como tú”. El sólo dijo “¿muchacho yo?.Seguimos hablando, y me preguntaba el por qué no le había echado de la casa, pero al mismo tiempo no paraba de darle vueltas a la pregunta de Jorge, que así se llama, y la verdad es que me ponía caliente, cada vez más y no podía evitarlo. Iba al baño a refrescarme, pero no sirvió de nada, así que decidí decirle que me iba a duchar, para que se fuera. El al decírselo se levantó y de dirigió a la puerta, dijo: bueno, me voy, ya te veo en el supermercado y se acercó para dame un beso en la mejilla.
Le fui a corresponder, pero justo cuando iba a darle el beso el giró la cara y me dio el beso en los labios. Mi sangre se quedó paralizada ante el atrevimiento del muchacho, pero sin recuperarme del primer impacto, ya sentí como su mano apretaba mi vagina por encima del pantalón, no podía reaccionar, estaba aturdida y cuando me di cuenta ya tenía su otra mano metida entre mis senos que por cierto mis pezones se endurecían al instante. Estaba entregada y aún más cuando me giró de espaldas y empezó a sobarme por todas partes.
En segundos no tenía la blusa. Ahora la muchacha era yo y él un macho soberano que hacía de mí lo que quería.Yo creo que apenas habían pasado dos o tres minutos y ya estaba abierta de piernas, podía sentir la humedad de mi sexo y recibiendo su miembro erecto dentro de mi moviéndose sin piedad. Parecía un semental imponente, jamás me habían dado así. Me dio por todas partes y deseaba más y más sus penetraciones, pero al final terminó su miembro viril en mi boca.Cuando terminó este sublime acto, yo apenas podía caminar la sensación se quedó en mí. Al día siguiente volvió. No quise que entrara, pero al final entró y me volvió a doblegar, me hizo el amor tanto o más que el día anterior.

Por varios días me tomaba y me hacia sentir de nuevo las ricas sensaciones de la excitación del cuerpo. Al final decidí que hablaría con él fuera de casa, para evitar la tentación y poner punto final a esa locura. Así lo hice.

Pero dura por días esa decisión, ya que él sigue viniendo, y al final termino desparramada en la cama, con las piernas abiertas, mojadita ante él, de cuatro patas, con su miembro en mi boca y lo que es peor suplicando más y más.
Me he hecho adicta a sus labios, y penetraciones viriles, y así quiero seguir.

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