Edd y yo nos encontrábamos disfrutando de una tarde de sábado sin los niños. Mi marido había preparado unos cocktails Margarita, su especialidad y me leía un Penthouse desde el jakuzzi, mientras que descansaba en una hamaca. Los efectos del Sol dañando mis pechos desnudos, la bebida y la voz de mi esposo leyendo historias eróticas de otra gente, me puso bastante a tono.
Estaba tan absorta que ni siquiera me acordé de dar la vuelta para broncear la espalda. Era la primera vez que tomaba el sol este año y tenía los pechos bastante sensibles. Llegué a pensar que se me habían quemado los pezones. Se lo comenté a Edd y contestó que un buen masaje podría ser el remedio ideal. Salió de la piscina con el Pene completamente tieso y antes de que me tocara empecé a gemir de gusto. Por suerte, el jardín de nuestra casa está bastante aislado y tenemos intimidad en casos de emergencia sexual.
Me lamió los dedos de los pies y me provocó escalofríos. No tardé en pedirle que me diera su pene. El pene de mi marido siempre me ha puesto muy caliente. Lo tiene un poco largo, pero sí gordo, como un pequeño puño. Me complació colocando una pierna a la altura de mi cara, ofreciéndome una visión de su pene paradito. Empecé a mordisquearlo y seguí con mi lengua en la punta y en la zona posterior con movimientos rápidos. Edd bajó la cara hacia mí vagina que ya estaba mojadita como sí acabara de ducharla con agua caliente. Al acercarse, su vientre rozó mis pezones provocando dolor. Justo en el momento en que trataba de apartarlo, sonó el timbre de la puerta.
Con tanta exitación ni ganas de abrir la puerta, temiendo que fuera algún amigo de mis hijos, pero cuando insistieron por tercera vez, me puse una bata corta y fui a ver quién demonios era. Edd se metió de nuevo en el jakuzzi, molesto y frustrado. Cuando abrí la puerta y miré hacia abajo, vi un par de largas y bien contorneadas piernas. Fui subiendo la mirada y comprobé que nuestra visitante era una preciosa chica de pelo rojo y ojos verdes.
Hola que tal!- me dijo: me llamo Sandra y acabo de instalarme en el vecindario. Hizo una pausa y añadió que vendía cosméticos. La invité a pasar para que me enseñara sus productos y le pedí que nos acompañará a tomar unos cocktails en el jardín. Aceptó y me siguió. Se sentó bajo la sombrilla y después de prepararle un trago le presenté a Edd. Mientras nosotras charlábamos, mi marido sin salir del jakuzzi, bromeaba por el hecho de estar completamente desnudo. Sandra comentó que estaba acostumbrada a ver hombres en cueros, ya que tenía cuatro hermanos y vivió casada cinco años hasta que se divorció.
Fui mirando los productos que me ofrecía y como continuamente me apartaba la tela de la bata para no lastimarme los pezones, Sandra preguntó qué pasaba. Le dije que me había quemado con el sol y, sin dudarlo, me apartó la bata y me observó directamente los pechos. Comentó que tenía una crema que remediaría mi dolor de forma instantánea. Dicho y hecho, se levantó para ir a buscarla a su coche. Edd aprovechó su ausencia para mirarme y ronronear como un gato en celo. Cuando regresó, en lugar de darme la crema se ofreció para aplicarla. Varias veces me repitió que sería un masaje medicinal. Me tumbé en la hamaca y me bajé la bata. Comentó que tenía unos pechos muy bonitos. Cuando mi marido se levantó del jakuzzi la tenía un poco levantada. Sandra no pronunció palabra y siguió extendiendo la crema. Mis pezones comenzaron a despertar extrañas sensaciones. Al principio notaba calor, luego frío y mí entrepierna respondió a los estímulos con sucesivas y rápidas vibraciones. Sandra me preguntó si deseaba que me masajeara todo el cuerpo. Acepté con timidez.
Empezó trabajando mis hombros y cerré los ojos. De pronto sentí unas manos en mis pies y al abrir los ojos observé que Edd estaba arrodillado frente a mí, con una expresión muy lujuriosa en la cara, aplicándome la crema. Me estremecí cuando ella trazó círculos con sus dedos alrededor de mis pechos, aunque evitando rozar los pezones, mientras Edd pasaba sus manos a lo largo de mis piernas presionando con los nudillos... Entonces ocurrió algo extraño. Los pezones me quemaban, pero no de dolor, sino proporcionándome un gusto que jamás había experimentado.
Sandra vio cómo me los cogía y me apartó las manos para soplar sobre ellos. Se inclinó y puso los labios en el pezón izquierdo, mientras Edd se colocaba el derecho en la boca. Sus labios, adornados por un poblado mostacho, estaban duros y ansiosos, mientras que los de Sandra eran suaves y delicados. Al cabo de un rato, decidimos que había llegado el momento de entrar en la casa y tomar algo. Edd nos dio un vaso de agua con hielo a cada una, llenó una jarra y le seguimos a nuestro dormitorio. Tenemos una cama de agua tamaño gigante y una pared entera de espejo.
Me tumbé inmediatamente en el centro de la cama. Edd no tardó en colocarse a mí izquierda con la polla tiesa y a punto. Sandra se quedó de pie frente a nosotros y empezó a desnudarse con la pericia de una profesional. El espejo nos permitía verla por delante y por detrás. Cuando estuvo completamente desnuda frente a nosotros, mi coño empezó a palpitar con fuerza. Sandra tenía unas tetas grandes, perfectamente levantadas. Sus pezones eran tan pálidos que había que concentrarse para ver dónde empezaban, supongo que debido a que era pelirroja. Cuando le investigué la entrepierna, comprobé que tenía su conchita completamente depilada. Abrí las piernas. Lentamente trepó a la cama y dirigió su cara a mí chuchita mojada. Cuando al fín me rozó con sus labios, estaba tan acelerada que me corrí. Rodeó mí clítoris con los labios, respiró profundamente y procedió a chuparme todas partes con la lengua y los labios. Noté que se aproximaba un potente orgasmo. Edd, que hasta aquel momento había permanecido inactivo, se sentó sobre mi pecho y condujo su polla hacia mi boca. Yo había olvidado que me dolían los pezones y empecé a chuparle y a comerle su rica verga... Por el espejo ví que Sandra colocaba la mano en su vagina y se dedicaba a frotarse arriba y abajo. En unos segundos tuve un orgasmo impresionante. Primero, la conchita se me abrió como un mejillón al fuego y empezó a palpitar como de costumbre. Luego sentí unas rápidas e intensas contracciones en el estómago. Las piernas y la espalda se tensaron y la cabeza se me iba hacia uno y otro lado. Edd se mostraba encantado del trabajito bucal que le estaba haciendo y no cesaba de arremeter hacia mí, sujeto con las manos en la cabecera de la cama. Al correrse pegó un berrido bestial.
Sandra no paró de moverse hasta unos momentos después que su cuerpo se agitara al alcanzar el clímax. Estuvimos un rato descansando tumbados, sin dejar de acariciarnos y besarnos. Cuando recuperé las fuerzas, me coloqué entre las piernas de Sandra e hice algo que deseaba desde que le abrí la puerta. Acerqué la boca a su conchita que se notaba que estaba muy bien lubricadita con sus jugos vaginales y le metí la lengua en el interior de la vagina para iniciar un movimiento de bombeo, cada vez más rápido. Mientras me encontraba concentrada en esa tarea, noté que Edd me metía las manos por detrás y las iba bajando hasta llegar a mi mojada chuchita. Eso provocó un acelerón de mi lengua y Sandra gritó de gusto. Sentí mi conchita muy caliente y traté de relajarme para que pudiera hundírmelo hasta el fondo... Después de unas cuantas embestidas, metí la mano entre las piernas para alcanzar el clítoris. La sensación la concha de Sandra en mi boca y la verga bien paradita de Edd llenando mi vagina húmeda era más de lo humanamente soportable y no tardé en notar los primeros pinchazos de otro increíble orgasmo.
Hoy en Dia seguimos viéndonos cada vez que mis hijos van de paseo o a algun otro lugar y tenemso tiempo para hacer nuestras travesuras de placer.
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jueves, 15 de enero de 2009
lunes, 28 de abril de 2008
La habitación de la vieja hostal
En uno de aquellos burdeles de la esquina de una calle iluminada por las tenues lamparas, un viernes como aquellos que suelen salir las damas de companía con sus cuerpos voluptuosos y exitantes, sus vestidos llamativos unos más ceñidos que otros, de repente aparace una mujer con sus cuervas provocativas, el perfil de sus caderas se dejaban ver en tdodo su explendor, su aroma de perfume exitante, lleno de feromonas que atraía a quien pasaba cerca de aquel lugar, la voluptuosa mujer llamada Eva, al pasar dos caballeros por la calle se detuvieron cerca del lugar, sin duda alguna llamados por la figura exitante de esta mujer decidieron entablar una conversación y seguramente el precio por una noche entera.
El nombre Eva era muy bien conocido por todos quienes vivían cerca o alrededores de aquel sector, la reputación de Eva era una semejanza con una doncella pecadora que gustaba insasiablemente el sexo a plenitud sin tabúes de hoy.
La tenue neblina invadía el lugar de la calle, el humo del cigarrilo de uno de aquelos hombres en busca de placer nocturno se notaba en cada exalación de un pito de tabaco. El tiempo en decidir si optar por la noche completa para pasar los tres juntos en una sola habitación. Sin duda alguna el precio debió ser alto para hacer semejantes actos dentro de una habitación de la hostal.
Al frente de aquel lugar una dama testiga del trato, como aquellas que se encuentran en aquellos barrios o sectores donde las damas de companías suelen trabajar a sus anchas por las calles, y que son vistas entre cortinas semitransparentes.
El precio no importaba, el placer es lo que cuenta, decidieron entrar los tres a una vieja hostal del frente donde la dama tras cortinas fisgoneaba a las habitaciones del hostal, testiga de los actos de amantes o parejas deseosas de placer y desborde carnal.
Se vio encender la luz de la habitación las siluetas casi perfectas de aquellos cuerpos que se juntaban y que en medio de ellos Eva se fundia de calor entre los cuerpos masculinos, el cuerpo de Eva se arqueaba para dar cabida a las caricias del hombre que se colocó detras de ella, mientras que el otro cuerpo deboraba sus pechos con su boca, era una desborde de pasión y exitación.
La dama que espiaba, con su movimientos de cabeza como quien busca tener un mejor panorama del acto excitante, su morbo y deseo de estar participando le hacia fantasiar cada vez que las siluetas mostraban más movimiento, su exitación cada vez le invadía su cuerpo, sus partes íntimas mostraban ya la humedad de la excitación.
Los cuerpos que se fundían en la habitación del frente, cada vez se mostraban exitados, las prendas se despojaban entre ellos. Eva ya casi desnuda solo su tanga y su blusa entre abierta llevaba puesta, mientras las manos y caricas de los cuerpos masculinos se desbordaban en todo el cuerpo de Eva.
De repente los cuerpos toman forma, cambian de posición se ve claramente que un cuerpo se recuesta sobre la cama y Eva sin dudarlo se coloca sobre él, el cuepo de Eva denota el movimiento circular, sin duda alguna la pentración fue hecha en el instante mismo de sentarse sobre aquel cuerpo masculino, el movimiento de Eva era cada vez más rápido, sin duda el placer era muy fuerte, la penetración era lo que más le gustaba y los movimientos de éste. Las manos de ella acariciaban sus senos se notaba las caricias, los apretones. Mientra el otro hombre parado y cerca de Eva acariciaba su espalda y testificaba el pleno sexo que se da en esa habitación.
De repente Eva toma una postura inclinada hacia delante, sus senos grandes y redondos, sus pezones paraditos rosaban la cara y la boca del hombre que se encontraba debajo, y este con su lengua deboraba aquellos senos deliciosos y calientes por la excitación del sexo en trio.
Eva eleva levemente su cadera para que el hombre que estaba junto a ella se acerque con su pene erecto en busca de penetrarle a Eva su parte trasera, Eva lista ante aquel acto, lleva su mano hacia su boca y seguramente unta su mano en especial sus dedos con saliva, para untarse en su ano, como quien preparándose para una penetración al máximo, por su actituda se ve que le gusta y disfruta de aquel sexo en trio.
Mientras que nuestra dama que espia detrás la cortina, la humedas de sus partes va creciendo al ritmo de la habitación del frente, sus manos inquietas rosaban sus pechos, parada al filo de la ventana y apoyada en su cama dejaba rosar el espaldar entre sus nalgas con leves movimientos que le permitan exitase y fantasiar con aquel acto de sexo.
En la habitación de aquella hostal cada vez los poses de Eva eran una y otra vez más caliente, los dos hombres la penetraban al mismo tiempo, se daban modos por pentrarla, sin duda alguna Eva tenía sus partes muy humedas y calientes para dar cabida a dos miembros que sin duda alguna estaba erectos y deseosos de comerse una vagina mojadita, y que decir de Eva deseosa de sentir dos penes en sus partes ricas de su cuerpo.
Los minutos iban pasando, Eva disfrutaba de cada acto que le hacían aquellos hombres, las posiciones variadas era lo que más le exitaba a Eva.
La dama testiga del acto sexual, ya no soportaba la excitación mientras fisgoneba, sus manos lentamente habían subido su falda para quedarse en su cintura, poco a poco sus dedos recorrían sobre sus bragas y llegaban a sus vagina que la humedad le invadía, estaba completamente mojadita y ella lo sabía por lo que veía en aquella habitación del hostal. Decidió abrir las piernas más y más para poner muy cómoda mientras veía, sus manos masturbaban su vagina, su clitoris durito demostraba su ansia. el recorrer de su mano era desde la parte de atras, donde comienza sus nalgas hasta terminar en su vellos púbicos, el movimiento de sus caderas ansiosas por ser abiertas, por un pene erecto.
El placer de las dos habitaciones, tanto del hostal como el de la dama, estaba muy calientes, los orgamos tanto de Eva como de aquella dama se veía venir.
Eva con sus movimientos circulares, sus senos paraditos, sus nalgas buscando ser pentrada de cualquier forma y los dos hombres fundiéndose en los sudores y olor a sexo de aquella habitación no se debajan esperar. La dama parada junto a la ventana con sus piernas abiertas, su mano mojadita por su vagina caliente al ser masturbada, mientras la otra mano en sus senos apretandolos, jugando con sus pezones paraditos.
Derepente, no se puede más, Eva con un solo movimiento su cuerpo se deja caer sobre el cuerpo de uno de ellos, el orgasmo se le vino al sentir los liquidos calientes de los hombres, el semen de uno de ellos le derramaba por sus piernas, mientras que el otro había despojado en su interior de su vagina, que de igual forma sentía como se le bajaba.
La dama fisgona, se imaginaba los gemidos de Eva y lo que debió recibir de parte de aquellos dos hombres excitados al llegar la eyaculación, pensaba e imaginaba lo bien que debió haber disfrutado Eva. La excitación no le cabía más, sus dedos traviezos se movían de adentro hacia a fuera, circularmente sobre su clitoris y toda su vagina mojadita. El gemir silencioso de la dama era sin duda el orgasmo mas rico que había sentido, y el acto más caliente que nunca habia visto desde aquella habitación de la vieja hostal.
Se dice que hasta hoy día Eva espera ansiosa la llegada de aquellos dos hombres que le invadieron de sexo por todos lados, y la dama cada vez que entra Eva con algún cliente no deja de estar detrás de la ventana tratando de ver o imaginar aquella situación excitante del trio que hizo Eva.
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